Según información difundida por La República, cinco trabajadores fueron hospitalizados tras desvanecerse en un local comercial que presentaba deficiente ventilación, en un contexto de altas temperaturas y corte prolongado de energía eléctrica, ocurrido en horas de la tarde.
Este tipo de eventos nos recuerda que el calor no es solo una molestia ambiental. Cuando no se gestiona adecuadamente, puede convertirse en un riesgo serio para la salud, capaz de generar emergencias médicas, afectar la continuidad operativa y dañar la imagen de las empresas.
Del disconfort térmico al estrés térmico
No todo ambiente caluroso implica necesariamente un riesgo. En Seguridad y Salud en el Trabajo es importante diferenciar entre confort térmico y estrés térmico.
El disconfort térmico se relaciona con la sensación subjetiva de incomodidad (calor o frío), que puede afectar el bienestar, pero no necesariamente compromete la salud. En cambio, el estrés térmico por calor ocurre cuando las condiciones ambientales, sumadas a la carga física del trabajo, superan la capacidad del cuerpo para regular su temperatura interna.
Cuando esto sucede, el organismo empieza a fallar en sus mecanismos de control (sudoración, circulación, disipación del calor), aumentando el riesgo de fatiga, deshidratación, calambres, agotamiento por calor e incluso golpe de calor, una condición grave que puede ser mortal si no se atiende oportunamente.
¿Por qué puede llegar a producirse un desmayo?
En exposiciones prolongadas a altas temperaturas, especialmente en ambientes cerrados o con ventilación deficiente, el cuerpo pierde líquidos y sales minerales. Esto puede provocar caídas bruscas de presión, mareos, pérdida de conciencia y colapso físico.
La situación se agrava cuando:
- No existe un sistema de ventilación o aire acondicionado operativo
- Se interrumpe el suministro eléctrico sin medidas de contingencia
- La jornada es prolongada
- El trabajo implica esfuerzo físico
- No se controla la hidratación ni los tiempos de descanso
Evaluar el riesgo no es opcional
Desde el punto de vista técnico, el estrés térmico debe evaluarse objetivamente, no solo percibirse.
La ISO 7243 establece el uso del índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature) para evaluar la carga térmica en ambientes laborales, considerando temperatura, humedad, radiación y ventilación.
En el Perú, la R.M. N.° 375-2008-TR reconoce la importancia de controlar las condiciones ambientales en los centros de trabajo, incluyendo aquellas que pueden afectar la salud del trabajador, como el calor excesivo.
Cuando se evidencian valores elevados de carga térmica, la empresa está obligada a implementar controles, no solo administrativos, sino también técnicos y de ingeniería.
Controles que pueden marcar la diferencia
Eventos como el ocurrido en Piura evidencian la necesidad de anticiparse al riesgo, no reaccionar cuando ya ocurrió la emergencia. Algunas medidas clave incluyen:
- Sistemas de ventilación adecuados y mantenimiento preventivo
- Planes de contingencia ante cortes de energía (por ejemplo, grupos electrógenos)
- Pausas programadas y rotación de tareas
- Hidratación permanente y accesible
- Ajuste de jornadas en condiciones extremas
- Evaluaciones de higiene ocupacional específicas de estrés térmico
La prevención también protege la reputación
Más allá del impacto en la salud, estos eventos generan pérdida de confianza, exposición mediática negativa y riesgos legales para las empresas. Una adecuada gestión del estrés térmico no solo protege a los trabajadores, sino también la continuidad del negocio y la imagen corporativa.
Nuestro rol como Cultura QHSE
En Cultura QHSE creemos que la prevención empieza con la evaluación técnica del riesgo real. Contamos con experiencia en evaluaciones de estrés térmico, aplicación de metodologías reconocidas y formulación de medidas de control ajustadas a cada realidad operativa.
Prevenir el estrés térmico no es un gasto: es una decisión técnica, responsable y estratégica.
